lunes, 21 de febrero de 2011

El Eternauta

La editorial RM de manera sorpresiva ha editado en México el clásico de la historieta El Eternauta, obra de los argentinos Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López. La edición es realmente buena y puede encontrarse ya en librerías. El siguiente texto lo escribí para el suplemento El Ángel, del diario Reforma, donde se publicó en octubre de 2007, para conmemorar el medio siglo de esta valiosa historia.



Hace nueve años en la colección “La Biblioteca Argentina, serie Clásicos”, este proyecto del diario Clarín llegó a su fin con la publicación de El Eternauta, historieta escrita por Germán Héctor Oesterheld y dibujada por Francisco Solano López. Sin duda, menudo honor para una historieta en medio de clásicos de la literatura de aquel país.

En el prólogo que acompaña dicha edición, el periodista y escritor Juan Sasturain, junto a El Eternauta menciona a Martín Fierro como un par de ejemplos de clásicos que rompen con la rigidez del resto de obras valoradas en dicha colección: no se trata de novelas, tan sólo de narraciones en formatos menos obvios. Y así, Sasturain descarga sin pena al respecto de éstas dos: “Si algo jamás tuvieron de clásicos, fue la pretensión”.

En ese sentido, se sabe que Oesterheld al momento de idear El Eternauta sólo buscaba crear una historia más, dentro de su oficio de guionista de historietas, aunque instalada en la ciencia ficción y buscando renovar y acoplar el género al tiempo y al espacio.

Para 1957, el gobierno de Juan Perón había caído ya bajo el golpe militar, la inestabilidad política se instalaba de forma tan cotidiana, como lo hacían en todo el mundo –incluyendo Latinoamérica, por supuesto- la ciencia ficción hollywoodense (que hablaba de la Guerra Fría, la ‘amenaza comunista’ y la Era Atómica encarnadas en metáforas que tomaban la forma de amenazas de látex y gore en blanco y negro) y la de Superman y Batman desde la tribuna de los cómics.

Oesterheld escribía todos los guiones de las varias historietas que se serializaban en Frontera, su esfuerzo editorial; en México, José Guadalupe Cruz hacía lo propio guionizando una docena de historietas para sus Ediciones J. G. Cruz, aunque ninguna con metáforas tan politizadas como El Eternauta… tal vez la aparente estabilidad y el desarrollo brindado por el gobierno de Adolfo Ruiz Cortines imposibilitó la necesidad de una queja en forma de metáfora fantástica.



Para detener la avanzada imperialista cultural Oesterheld pensó entonces en situar un relato de ciencia ficción en la Argentina del momento, haciendo de los sitios y referencias cotidianas parte importante del mismo relato. Buscaba que el espectáculo importado del mundo anglosajón no fuera la única referencia cultural que el espectador pudiera absorber; se trataba de un esfuerzo por darle referencias al público argentino.

Así, el 4 de septiembre de 1957, y durante las siguientes 116 semanas, Oesterheld y Solano López en el recién inaugurado Suplemento Semanal Hora Cero, iniciaban la crónica de El Eternauta, un relato apocalíptico de vocación visionaria.

La historia inicia en una de las soledades más grandes, aunque igualmente más prolíficas: la del escritor sentado frente a su mesa de trabajo y su máquina de escribir. Ahí, en un juego de espejos delicioso -y apenas el comienza de una sucesión sorprendente-, la epifanía se materializa frente a él en forma de un hombre. El narrador, por supuesto el mismo escritor, de historietas por cierto, tras la sorpresa y terror de una materialización atina a describir a un ser cansado y angustiado. Como el extraño explica poco después, se trata del Eternauta, mote que según sus propias palabras le obsequió un filósofo del siglo XXI, por su condición “de navegante del tiempo, de viajero de la eternidad. Mi triste y desolada condición de peregrino de los siglos”.

Y a continuación, el escritor, transformado ya en cronista, cuenta la historia transmitida por el Eternauta, iniciada en 1963 (cinco años en el futuro, entonces) cuando todavía era conocido como Juan Salvo, aquélla noche en que una extraña y repentina nevada marcó el primer día de la muerte de la civilización.

La nevada no sólo se sintió como un mal augurio, sino que se trató del primer paso de una civilización extraterrestre para acabar con la humanidad. Los sobrevivientes comprenden entonces que, a pesar de la ley de la jungla que seguramente reina entonces en las calles, la conjunción de esfuerzos es la única posible solución contra el enemigo extranjero. Así, las células de sobrevivientes poco a poco se van adentrando en la desolación resultante y conocen al enemigo... bueno, tan sólo a una de sus partes.

Oesterheld y Solano López entonces realizan una apreciación, en forma de aventura fantacientífica, acerca del hombre común, la familia y sociedad, y sus posibilidades ante el totalitarismo interno y ajeno a Argentina, y de ahí a Latinoamérica y el mundo.



Los ‘cascarudos’ y los ‘gurbos’, monstruosidades alienígenas que funcionan como fuerza de choque, no son más carne de cañón extraterrestre que los propios ‘manos’, aquellos seres cercanos a la forma humana con grandes cabezas y un juego de 14 dedos en cada extremidad y quienes, a pesar de ordenar las acciones de las criaturas mencionadas y las de humanos programados, son igualmente utilizados por los ‘ellos’, las entidades diseñadoras de esta invasión, y que por supuesto nadie conoce.

El cierre circular de El Eternauta, que deja al escritor-narrador del suceso con una tarea bien clara (contarnos la historia que hemos leído ya), aunque con muchas dudas y temores ante la aparente inminencia de la catástrofe futura, parece mostrar tanto el sentir de Oesterheld como, igualmente, revelarle o gradarle una intención que ya venía marcada en su destino; después de todo, en el título completo de la obra parece leerse claramente una revelación: “Una cita con el futuro: El Eternauta, memoria de un navegante del porvenir”.

Durante los años siguientes, aunque todo parece parte de una misma trama, se trata de dos posibilidades distintas, la realidad y la ficción, que finalmente llevan el mismo cauce: Oesterheld simpatiza fuertemente con los movimientos políticos juveniles, se suma a la militancia para construir un Gobierno Popular, y ya iniciados los 70 se une a la organización guerrillera Montoneros. La renovada conciencia social y política del escritor ya se perfilaba desde aquella línea puesta en voz de un ‘mano’ en El Eternauta, como advertencia a los lectores, a la sociedad: “empezar a sentir miedo, es empezar a morir”.

En 1969 realiza junto con Alberto Breccia (auténtico genio que logró momentos sin precedente en la plástica de la historieta) una nueva versión de El Eternauta cuyo expresionismo gráfico subraya el carácter ya abiertamente militante de esta nueva apreciación: ahora, sólo se trata de Latinoamérica contra los extraterrestres, pues los países ricos son quienes los han vendido. Esta versión, por supuesto, es censurada y terminada abruptamente.
La militancia se concentra y la represión crece aterradoramente: Oesterheld es secuestrado, y sus cuatro hijas y dos yernos, como miles más, son asesinados entre 1976 y 1977.

Precisamente en abril de 1978, cuando se considera que fue asesinado en una prisión clandestina, finaliza la publicación de El Eternauta 2, secuela también dibujada por Solano López, y en la que el escritor-cronista de la primera, ya ahora identificado como Héctor, entiende ya su condición como viajero del tiempo, como conciencia inacabable.

Allí, en el éter, entre conciencias, realidades y posibilidades, Juan Salvo y Héctor Oesterheld seguramente continúan observando y cuidando de la libertad desde el camino que hace medio siglo iniciaron.

jueves, 10 de febrero de 2011

Un poco de Infierno con Hideshi Hino

Acceder al imaginario de Hideshi Hino, de entrada, sólo debe hacerlo aquel lector y espectador que, además de las ideas y propuestas comunes y corrientes, busque y guste de apreciaciones peculiares, viscerales y violentas en el arte. Y aún con este background, quien corra con la suerte de tener en sus manos algunos de los mangas de Hino, sin duda, se llevará una gran impresión. La tónica de la obra de Hino en manga (porque recordemos que también está su colaboración en la ultraviolenta serie de Guinea Pig) resulta una aberración al establishment artístico, pues su obra compone un enigmático estilo, que combina ciertos elementos relacionados con la ilustración para niños con una estética cuasi repulsiva y depurada además de, y sobre todo, abordar una serie de temas verdaderamente rudos y surrealistas. Es decir, no es lo que el pensamiento políticamente correcto espera. Que se trate de una aberración dentro del establishment artístico no lo digo en detrimento de dicha obra, por el contrario, la aplaudo como una de las visiones más auténticas y arriesgadas que nuestros ojos puedan ver en el arte contemporáneo. Panorama of Hell y Hell Baby, durante años, fueron las dos únicas obras editadas en EU de este autor, un compendio de locura y alienación que pocas veces ha sido visto en la historieta: la historia de un bebe arrojado al basurero por sus padres y que cobra venganza, así como el relato del artista con auténticas visiones del Infierno, no tienen par. Sin embargo, a mediados de la década pasada el sello DH Publications comenzó Hino Horror, biblioteca del autor en la que se esperaban publicar 100 mangas.

 
La realidad fue que no pasaron de 14 tomos los publicados, pero en ellos pudimos constatar el impresionante Infierno que corre a través de las venas de este mangaka. Por mencionar tan sólo tres de los títulos publicados dentro de dicha colección: Red Snake, Bug Boy y The Living Corpse. El primero es una historia de maldición familiar, en la que todos los integrantes de una familia parecen esperar la llegada de la locura: ésta se presenta en la forma de una serpiente roja que, en realidad, no es más que el elemento clave de un juego de espejos. La segunda es una de las varias de niños peculiares que le encantan a Hino: Sampei sólo encuentra refugio en el santuario que ha construido en un basurero, donde hospeda a todas sus mascotas. Su relación con éstas y con los humanos cambia drásticamente cuando es mordido por un gusano que ha surgido de su propio vómito (sí, así es), y una extraña transformación comienza a suceder.

Y el tercero es el doloroso y horroroso errar de un cadáver viviente que no sabe de su condición; en un paralelismo a El extraño, de H. P. Lovecraft, Hino habla prácticamente en primera persona del dolor de este cadáver, relato que construyó cuando él mismo padecía una enfermedad dolorosa. Tras el malogrado esfuerzo de DH Publications, Dark Horse lanzó Lullabies from Hell, un volumen con cuatro historias dementes de Hino, en donde puede leerse Zoroku’s Strange Disease, otra crónica de dolor y pústulas que unos años después formaría parte de la serie de adaptaciones en v-cinema: Hideshi Hino’s Theater of Horror, una saga que, de menos, me parece presenta una gran obra en el terreno de lo super creepy: The Boy from Hell, a su vez una variación a Hell Baby. Metáforas de alienación y terror absoluto es lo que Hino construye como sólo él sabe hacerlo. Y a continuación les dejo con parte de una entrevista que hice en 2004 por teléfono (por supuesto con ayuda de un traductor) con el mismísimo Hino.

 
Es común que el autor atormentado, a través de metáforas en su obra, deje salir todos los malos recuerdos y vivencias de la infancia y la adolescencia. Con Hino, sucede de forma distinta; pues a pesar de que efectivamente su trabajo reviste de fantasía las memorias, el discurso del autor es muy crudo y mucho más cercano a su vida de lo que podría creerse. “Nací en Manchuria , y cuando finalmente comencé a entender las cosas del mundo, mis padres me contaron cómo se creó dicha nación; como se sabe, fue a partir de la invasión japonesa a China. Eso, para mí ha sido una situación difícil pues, por una parte, me cuesta trabajo aceptar que nací ahí, pues me siento culpable de lo que los japoneses hicieron el pueblo chino; y por otro lado, a pesar de todo, no puedo evitar las ganas de visitar esa que es mi tierra natal. Este sentimiento confuso hacia mi lugar de nacimiento me ha causado cierto trauma desde la infancia”. “Todo esto tiene que ver con problemas de identidad. Comenzando con Manchuria, un país que en la actualidad ya no existe y que ha quedado como una simple ilusión. Cuando mi familia regresó a Japón tras el término de la segunda Guerra Mundial, siendo yo aún un bebé, fue que mi padre comenzó a ir de un lado a otro y sin darme la oportunidad de establecerme y tener amigos”. “En uno de esos lugares, viví poco más de lo normal, y causó un profundo impacto en mi vida. Se trataba de un lugar lleno de arrozales y campos de cultivo, con un río y todo era como un paraíso. Con la urbanización el lugar cambió su paisaje al de un horizonte fabril, en el que el río se llenó de aguas residuales y miles de alimañas. En algún momento, tal vez, sentí que ese lugar era mi tierra; sin embargo, estaba ya destruida. En mi manga, presento escenas de zonas industriales con fábricas que alzan sus chimeneas. Eso para mí, no representa más que terror, aversión y odio”. Todo eso, puede decirse, ha funcionado como una especie de musa contaminada; pues las influencias de Hino no pasan de una docena, además de ser muy arquetípicas. Es decir, la obra de este artista es netamente original. “Me gusta la obra de Ray Bradbury, en especial El hombre ilustrado, que creo definió el camino de mi trabajo. Igualmente me impactó La metamorfosis, de Kafka, y el Frankenstein (James Whale, 1931) de Boris Karloff”. Aunque los recuerdos son difíciles de olvidar, para Hino parece que el tormento ha pasado. Su obra, aunque cruda y difícil de digerir, ha encontrado un público que al mismo autor ha sorprendido. Y en ese proceso es que este artista, tal vez, está a punto de experimentar aquello que no pudo cuando niño. “Bueno, hacer mi manga y colaborar en Guinea Pig ha sido muy importante y necesario para mi. Pero así como antes de ser mangaka traté de ser director de cine bajo la influencia de Akira Kurosawa, ahora me gustaría hacer libros infantiles. La experiencia de reflejar mi mundo en Mermaid in a Manhole fue muy grata, y ahora me gustaría hacer eso con ilustraciones infantiles”.

jueves, 3 de febrero de 2011

Sin palabras.



¡Uta! No hay palabras. Ya hace unos meses había comentado de la exposición que la Fundación Cartier le realiza en Francia al maestro Moebius. Obviamente, uno puede imaginarse algo impresionante, pero chequen aquí las fotos para que sientan auténticas ñáñaras del nivel del artista, del nivel de la exposición y de la importancia que a la historieta le brindan en otras partes del mundo. Me he quedado sin palabras.

viernes, 21 de enero de 2011

Ayako, de Osamu Tezuka

Ayako, de Osamu Tezuka
Vertical, Inc.
27 dólares



Trato de imaginarme, aunque no hace falta porque todos son hechos: durante la primera mitad de los años 70 Osamu Tezuka está en crisis. No se trata de una crisis artística, sino una más o menos existencial ante los cambios sociales y políticos que comienzan a darse posterior a los años 60. Con ello, la producción de manga y anime de Tezuka ya no resulta tan comercial (sigue, por supuesto, sobresaliente y única). A pesar de esto, su disciplina laboral continúa siendo inquebrantable: cinco días a la semana encerrado en su departamento-estudio alejado del mundo externo, tan sólo manteniendo contacto con el asistente que va a recoger sus páginas para llevarlas al estudio mayor, y con su esposa que le lleva la comida (sábados y domingo regresaba a su casa real) en cierto momento del día. Por supuesto, mientras él traza sus mangas, en el taller principal se desarrollan sus otros proyectos de animación y en su cerebro se cocinan otras historias.

Imaginemos, entonces, el cerebro de Tezuka en aquel momento, el cual acostumbrado a trabajar y crear diversas ideas y proyectos a la vez, entra en una dinámica de presión ante el momento histórico y las necesidades que surgen: las neuronas y la electricidad en su músculo cerebral provocan, así, cantidad ingente de historias, y todas marcadas por dudas, coraje, indignación, nostalgia, energía en general que se transforma en una de las etapas más incisivas de Tezuka.

Durante aquella época se dan obras cumbres como Black Jack, Phoenix, MW, Ode to Kirihito, Apollo’s Song y, entre otras, Ayako.

En Iconoctlán se ha cubierto de manera insistente la obra de Tezuka, y esto continúa ahora con Ayako, historia que Tezuka serializó entre 1972 y 1973, en la revista Biggu Komikku, esto es después de Ode to Kirihito y Apollo’s Song, y previo a iniciar Black Jack. Ayako ha sido publicada recientemente por Vertical Inc. en una hermosa edición de pasta dura.

Ayako, de entrada, se perfila como la historia más extensa en la obra de Tezuka (obras como Astroboy, Black Jack e, inclusive, Phoenix, son más extensas, pero se componen de diversas historias), por tanto, podemos imaginarnos una historia mucho más compleja.



Ayako es el nombre del miembro más joven de la familia Tenge, una niña depositaria de lo más puro que pudiera haber en la familia, aunque su origen en realidad sea una aberración. Verán ustedes: en 1949, a su regreso a Japón tras servir a su ejército, Jiro Tenge se encuentra con un país tomado por el ejército estadounidense al mando del general MacArthur, y su recibimiento es el anuncio de que deberá de convertirse en agente al servicio del Gobierno de las Fuerzas de Ocupación. Al llegar con su familia, encuentra que una reforma agrícola ha exigido la repartición de tierras feudales entre los campesinos, esto es un duro golpe a la familia Tenge, que durante décadas ha vivido de explotar grandes hectáreas de tierra. Y esto, tan sólo, como algunos elementos de la descomposición que experimenta la familia Tenge, y como un simple ingrediente de un cuerpo mayor que es toda la nación.

La familia Tenge es depositaria de mentiras y traiciones en medio de un país derrotado y en busca de resurgir. Entre los miembros de la familia se dan todo tipo de actos extremos: asesinatos, violaciones, incestos, robos, maltrato físico, y demás actos bíblicos que parecen llegar a su pináculo con la privación de la libertad de Ayako, quien alrededor de 15 años se la pasa encerrada en un sótano, por no decir que es producto de las relaciones del paterfamalias con la esposa de uno de su hijos...

Los Tenge son la materia que Tezuka utiliza para hablar del difícil trance por el que Japón pasó durante el siglo pasado, y parece que en un esfuerzo por desentrañar el caos que se vivía en los años 70. Para ello, aleja su trazo del estilizado y caricaturizado estilo que durante años explotó. Con Ayako encontramos, tal vez, el ejemplo más naturalista de su dibujo al igual que de su discurso: una tragedia novelesca que en ocasiones parece extenderse o perder el hilo de algunos personajes, pero en realidad es tan sólo la evolución de personajes desolados.

En el contexto de la obra de Tezuka de aquella etapa, tal vez Ayako se trate de la obra más dispareja del maestro; sin embargo, creo que igualmente me ha provocado esa sensación por el mismo errar de sus protagonistas. Ayako, como cualquier obra de Tezuka, es superior a mucha de la narrativa de cualquier medio de su época y de otras.

Aquí pueden leer un extracto de Ayako.

lunes, 17 de enero de 2011

Asterios Polyp, de David Mazzuchelli

Aunque editada en 2009, la novela gráfica Asterios Polyp pude leerla hasta entrado el 2010. Se me pasó ponerla en mi lista de lo mejor del 2010 por ese mismo desfase, pero ahora intento enmendar tal situación con el rescate de este texto (que escribí para el sitio de La Mosca en la red), e igualmente obtener un poco más de tiempo en lo que logró hacer mi primera reseña del 2011.



David Mazzucchelli es un artista extraño. A mediados de los años 80, junto a Frank Miller, creó una obra fundamental de la historieta estadounidense: Batman: Year One (DC Comics, 1987). Miller brindó una historia real y sublime en la que se nos contaron los primeros meses de Bruce Wayne como Batman, y a la cual Mazzucchelli le dio la réplica con un insospechado acto ya clásico, en el que un trazo que combinaba realismo y expresionismo marcaban pauta.

Batman: Year One no sólo reformuló el tejido dramático y cronológico del Hombre Murciélago, sino que igualmente ofreció una ruptura en la forma de acercarse al superhéroe a fin de siglo (fue parte de un movimiento en el que se involucraban otras obras como Watchmen, Dark Knight Returns y American Flagg!), que terminó por trastocar la forma futura para cronicar los actos heroicos de los nu dioses.

El esfuerzo puesto en esta obra fue la continuación de su colaboración con Miller que inició en Daredevil: Born Again, un acto parecido, sólo que un año antes, en 1986, y para Marvel Comics. El terreno estaba puesto para el estrellato, entonces; aunque se tomó su tiempo, Miller no lo desperdició (ahora, a la par de continuar realizando historieta es, también, un rentable director de cine, con dos filmes a cuestas: Sin City y The Spirit). Pero Mazzucchelli pareció no estar interesado, y prácticamente desapareció de la escena.

Durante casi toda la década de los 80, Mazzucchelli laboró en la escena del cómic de superhéroes en una notable evolución que logró lo mencionado. Sin embargo, durante los 90 prefirió agazaparse en esfuerzos independientes y autorales, como su propia publicación Rubber Blanket, y una adaptación de la novela City of Glass, de Paul Auster, que dio de qué hablar durante unos años en la escena de la literatura; sin embargo, fue algo menor en comparación a lo logrado con Miller.

A pesar del buen momento que había pasado en la escena mainstream, parecía como si Mazzucchelli no sólo estuviera harto de los superhéroes, sino de toda la escena y el medio historietístico.

En realidad, este artista prefirió formar a más de una generación de historietistas directamente, impartiendo lecciones en la Rhode Island School of Design y la School of Visual Arts en Nueva York (de donde ha salido Dash Shaw, una de las firmas más jóvenes e interesantes del cómic independiente estadounidense). Pero a pesar de esa renovación en silencio del mundo del cómic, desde el aula de clases, Mazzucchelli continuó trabajando en las obras sueltas para oscuras antologías y, sobre todo, en una obra que completó en 2009 y que ha presentado, por extraño que suene, como su primera novela gráfica (recordemos que tanto su historia con Batman como con Daredevil fueron creadas para serializarse en cómics mensuales, y posteriormente recopilarse en forma de libro).

Asterios Polyp (Pantheon Books, 2009) lleva por nombre el trabajo, y surge del mismo nombre propio de su protagonista: un arquitecto neoyorkino de ascendencia griega que ha encontrado el éxito a partir de la exposición de sus ideas de diseño, aun cuando estas nunca han sido llevadas al ejercicio en el concreto y las varillas. Asterios es un tipo inteligente y regido, en mayor medida, por su hemisferio izquierdo cerebral, es decir, por su lado apolíneo, siendo calculador y controlador ante todas las circunstancias. El destino de Asterios debio originalmente debió de compartirlo con un gemelo, pero su hermano murió en el parto. Aunque prácticamente controlando su destino desde entonces, Asterios queda marcado por esa ausencia carnal que lo lleva por un rumbo peculiar en la vida, impidiéndole la relación con el otro, sea amante o amigo, y con una visión de la vida en la que sólo caben dos vertientes.

Asterios Polyp es un melodrama desarrollado durante la última etapa adulta de su protagonista, y a golpes de flashback. Pero no se trata de un melodrama ramplón; por el contrario, Mazzucchelli crea sus propias reglas en las que el fin no es ni el suceso trágico ni la redención, sino aparentemente dialogar sobre la vida a partir de una concepción materialista.
Aunque Asterios decide dejar su exitosa carrera tras un incendio, para refugiarse como mecánico automovilista (primer trabajo que se le cruza al abandonar su anterior vida y recuerdos), sus soluciones continúan dándose a partir del conocimiento enfático, pues la lectura de libros especializados en mecánica son la solución que sabe se encuentra en toda biblioteca.

Mazzucchelli arropa su historia de personajes que, aunque opuestos al pensamiento calculador de su protagonista, constituyen argumentos igual de validos y con energía para la discusión y la ponderación. En muchas ocasiones, estos mismos personajes, son extensiones de la tragedia griega clásica, puntualizada por el hermano nonato de Asterios, quien se torna en narrador de la obra completa.

El Mazzucchelli de hoy es uno distinto al del trazo realista y energético de los años 80 en el cómic de superhéroes; ahora, una línea estilizada, muy flexible y de sobresaliente economía en su trazo para lograr gran elocuencia, da cuenta de una transición de intereses, sino mayores, sí distintos a los de entonces, pues su búsqueda formal y narrativa parece estar en línea ahora con todas las inquietudes que surgen en el día a día.

Por otro lado, el uso que hace Mazzucchelli del color es muy rico, pues dota a cada personaje de un tono que se intensifica o disminuye según el momento y el cual, desde luego, va en juego con la personalidad de cada uno. Finalmente, la utilización de tonos pastel dota al discurso de un mensaje que, parece, busca armonizar con la existencia y con sus revelaciones, cualesquiera sean éstas.

Asterios Polyp es una lectura disfrutable en sus distintos momentos, y no extraña que la segunda edición esté ya en preparación, tras agotarse prácticamente los 18 mil ejemplares de la primera edición en inglés. El sello español Sins Entido ha publicado una traducción de esta obra, resta aventurarse a buscar (con ésta y con la original) si alguien la ha importado a México.

viernes, 7 de enero de 2011

El fin de los tiempos: The Incal, Hellraiser, Gene Colan y Aaron/Moore

Sabemos que el fin de los tiempos ha llegado…



Cuando en tan sólo dos semanas se ha agotado la primera edición de The Incal: Classic Collection, recopilación de la épica saga creada hace 30 años por Alexandro Jodorowsky y Moebius. La renovación del sello Humanoids para Estados Unidos arrancó, casi, con la presentación de esta obra en gran formato en una edición de 750 copias que volaron. Si ustedes, como yo, corrieron con la mala suerte de no comprar una de las contadas copias que llegaron a Fantástico o no adquirieron su copia a tiempo en Amazon, seguramente estarán tronándose los dedos, las manos y las rodillas de coraje ante esta mala decisión de nuestro bolsillo, pues con todo y que el precio de lista fue de 100 dolarucos (1400 al cambio en pesos en la mencionada tienda de cómics) el tiraje se ha agotado. Esta situación, por supuesto, está provocando que las copias que se están subastando en eBay estén terminando en los 150 dólares. Escribiendo a la misma editorial para hacer llegar mi llanto, me han dicho que esperan sacar una segunda edición, ¡pero para el segundo semestre del 2011!



También lo sabemos, aunque en una mejor nota, cuando desde el sello Boom Comics llega la noticia de que para marzo relanzarán de nueva cuenta un cómic construido alrededor de los mitos de Hellraiser, la casi canónica obra creada por Clive Barker. Los lectores con más de 30 años recordarán que hace cerca de dos décadas en el fenecido subsello Epic, de Marvel Comics, se realizaron una buena cantidad de cómics en base a los conceptos de Barker. De ahí surgieron antologías sabrosas de Nightbreed y Hellraiser, en las que desfilaron creadores tan estimables como Bernie Wrightson, John Bolton (con una portada al número 1 de Hellraiser que es ya todo un clásico), Dave McKean, Neil Gaiman, Mark Hempel Tony Harris, Kevin O’Neill, Kyle Baker, etcétera. Fue una gran momento para las antologías de cómic de horror.
En Boom se recopilará todo este material en formato de libro (algo que hizo hace algunos años igualmente el también fenecido sello I Books), como marco para la nueva serie en la que se han prometido la participación de autores de buen nivel, lo cual empiezo a creerme cuando han dicho que el que inicia es el propio Barker, coescribiendo junto a Christopher Monfette. Pues bueno, esta es una gran noticia, pues además se trata del primer guión de Barker para cómics de Hellraiser (hace unos meses realizó lo que, me parece, su primer trabajo directo para cómic, en un título en 3D para IDW), así como la primera continuación del propio Barker a su historia The Hellbound Heart (de donde surge Hellraiser). Algo que cierra un círculo que se antoja perfecto, es que las ilustraciones correrán a cargo de Leonardo Manco, el dibujante argentino que ha hecho algunas de las escenas de horror más recordadas del cómic reciente en títulos como Hellstorm, Werewolf By Midnight y Hellblazer. Manco posee esa sensibilidad de la generación de artistas españoles que hicieron época en los años 70 en los títulos publicados por la Warren. Las expectativas son altas.

E igualmente, entre las docenas de recopilaciones, sólo que ahora en DC, yo me quedo con la que aparentemente saldrá en julio, llamada Tales of the Batman: Gene Colan Volume 1 y que, como su nombre lo indica, se trata de una recopilación de historias dibujadas por el maestro Colan para los títulos Detective Comics y Batman. Durante años he deseado tener estas historias; algunas de ellas las poseo en las ediciones nacionales de los años 80, pero siempre he querido tenerlas en su idioma original. Ojalá, en verdad, recopilen todo lo que Colan realizó para el hombre murciélago, pues este artista (y las historias de Doug Moench) resaltaron notablemente la atmósfera oscura del personaje y su entorno.



Casi siempre, además de brillantes, las respuestas y comentarios que Alan Moore ofrece en sus entrevistas podrán provocar respuestas encontradas y no pocas enemistades, entre lectores y profesionales. Recientemente se ha dado una un poco lamentable, de parte de Jason Aaron, quien en su columna Where the Hell I Am , simplemente dijo “Go fuck yourself, Alan Moore”, tras leer lo que el mago de Northampton aseguró de la escena del cómic estadounidense en una entrevista de hace varios meses. En ésta, en resumen, dijo lo que desde hace años ha repetido: que tanto Marvel como DC se han encargado de vivir en base a los mismos personajes de hace años, y que no cuentan con buenos guionistas, por lo que la posibilidad de que realicen una secuela a Watchmen con otros guionistas le parece una verdadera pena.
El caso es que Aaron tomó totalmente personal la aseveración de Moore, y tras recordar que Moore fue una de las razones fuertes por las que se encuentra escribiendo, además de ser un coleccionista de su obra, a partir de ya le dará la espalda.
En lo personal, creo que Aaron es uno de los guionistas más brillantes de cómic mainstream estadounidense en la actualidad, su Scalped es una de las lecturas que más disfruto mes a mes. Pero su juicio en este caso, me hace dudar un poco de su claridad para entender las cosas (no soy el único, chequen este compilado de opiniones en Bleedingcool) y, sobre todo, me parece que demuestra lo mucho que se le ha subido la fama, además de que las cosas se las toma personales, cuando ni siquiera están hablando de él. Por lo pronto, olvidaré su opinión, y seguiré valorando su obra.

martes, 28 de diciembre de 2010

Lo mejor del 2010, según yo

De nueva cuenta llegó la ociosa, beligerante y onanista tarea de hablar de lo mejor del año, según la opinión personal. Conforme el ser humano se vuelve más insoportable y mezquino (esto es, día a día), esta tarea parece tener menos sentido y salir sobrando más; no obstante, se trata de uno de esos pequeños placeres que, finalmente, nos demuestran que algo de provecho hemos hecho en nuestra vida durante los pasados 12 meses (en este caso, leer y maravillarse con imágenes en muchos casos inolvidables) y, de igual forma, nos recuerda, que hay cosas por las cuales vale la pena aguantar tantos descalabros en la vida.
El 2010 fue un año, una vez más, agraciado por el talento y la sinergia de una buena cantidad de autores y editores de historieta en varias partes del mundo. El listado de las siguientes obras es parte de lo que más disfruté durante el 2010. Creo que hay grandes obras ahí e, inclusive, tal vez alguna obra maestra. A ver qué les parece, queridos compañeros iconoctlanos.




Love and Rockets. New Stories Volume 3 (Fantagraphics, Hernández Brothers)
Con su más reciente anuario, los Hernández continúan entregando personajes admirables, entrañables y vitales, en historias potentes. El episodio de Xaime es una auténtica belleza incomparable. Aquí mi reseña.


Joe the Barbarian
(Vertigo/DC Comics, Grant Morrison y Sean Murphy)
Tras mucha fantasía aburrida colgada de la fama de Neil Gaiman en años recientes, creí que Vertigo estaba imposibilitada para entregar un proyecto de nuevo interesante en este tenor. Pero el maestro Morrison y las intensas imágenes de Murphy nos han hecho creer de nuevo totalmente.

The Bulletproof Coffin (Image Comics, David Hine y Shaky Kane)
La metaficción como marco de la nostalgia y la grotesquedad, ¿o viceversa? Más vale que lo lean para disfrutarlo y formar su propia opinión. Aquí mi reseña.



The Muppets Show (Boom Comics, Roger Langridge)
Langridge continuó este año haciéndonos reír de inmejorable forma, aunque ya está por terminar este título...

Scarlet (Icon/Marvel Comics, Brian Michael Bendis y Alex Maleev)
Desde que Marvel lo fichó hace una década, bendis se concentró en escribir grandes historias de superhéroes. Pero esto nos privó de un gran autor para el comic noir y algo oscuro. Con Scarlet, el viejo Bendis ha regresado con la subversión para el nuevo siglo. Aquí mi comentario.

Scalped 35 (Vertigo/DC Comics, Jason Aaron y Danijel Zezelj)
Aaron y Zezelj lograron oro juntos. Sin más.

Neonomicon (Avatar, Alan Moore y Jason Burrows)
En el año del 120 aniversario del natalicio del nigromante de Providence: H. P. L., el maestro Moore está entregando un homenaje y pastiche muy intenso e impactante. Qué más puede pedirse, tras el regreso de Moore al cómic de horror con Lovecraft como musa. Aquí mi comentario.

Mesmo Delivery (Dark Horse, Rafael Grampa)
Esta alucinante historia nos presenta a un artista brasileño del cual esperamos grandes trabajos en los próximos años.

Dark Reign: The List-Wolverine (Marvel Comics, Jason Aaron, Esad Ribic y Tom Palmer)
El dinamismo y fuerza de esta historia nos recuerda lo buenos que pueden ser los cómics de superhéroes.

SHIELD (Marvel Comics, Jonathan Hickman y Dustin Weaver)
El mejor cómic de Vertigo, que no es editado por Vertigo.



Deadpool MAX (Marvel Comics, David Lapham y Kayle Baker) Ya hubo quien me dijo que cómo me atrevo a recomendar un cómic de Deadpool. Sin duda, se trata de un personaje surgido en una de las peores etapas de los X-Men, pero parece que su peculiar personalidad ha atraído la atención de buenos creadores; y sin duda, cualquier cosa que esté escrita por Lapham y dibujada por Baker será notoria, y ésta serie lo demuestra cabalmente.

Black Jack (Vertical, Osamu Tezuka)
Una de las grandes obras de uno de los grandes autores del cómic mundial continúa su edición integra en inglés. Historias inolvidables, personaje ya canónico, talento autoral inconmensurable. El 2011 marcará el año en el que terminen de publicarse los 17 tomos que conforman esta obra monumental. Aquí,
una de las varias reseñas que hice sobre BJ.

Algunas recopilaciones y libros especiales sobresalientes:

The Art of Osamu Tezuka. God of Manga
(Abrahams, Helen McCarthy) El libro no es sólo una belleza por su presentación y el contenido, sino que igualmente remata con la inclusión de un DVD con un documental de Tezuka en el que somos testigos de su disciplina y su talento. Exhausto sólo de verlo.

The Art of Jaime Hernandez: The Secrets of Life and Death (Todd Highnite, Abrahams) Otro libro de esta editorial, y otro en el que atestiguamos el genio de uno de los grandes autores del medio: el talento se lleva en la sangre y en las raíces.

Dick Briefer’s Frankenstein
(IDW) Con este volumen, el investigador Craig Yoe inicia una serie que está dedicado a lo más extraño del cómic de horror de hace más de medio siglo. El Frankenstein de Briefer es algo raro e inolvidable, y bello por todos los niveles que logra en lo grotesco. Un hermoso volumen.